Batas Moradas

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Desde Mayo de 2010 el “Programa de Acompañamiento en el Hospital de Día Onco-hematológico” del Hospital “Virgen del Puerto” de Plasencia, hace realidad nuestro lema NO ESTAS SOL@.

Cada día dos voluntari@s de Aoex Plasencia acuden a la sala de tratamiento de quimioterapia para ofrecer compañía y apoyo tanto a los pacientes que reciben tratamiento como a sus familiares, gracias al Acuerdo de Colaboración entre el Hospital Virgen del puerto y la Asociación Oncológica Extremeña (AOEx), para la realización de actividades de voluntariado que se firmó en mayo de 2010.

Desde la Asociación buscamos que los pacientes oncológicos y sus familiares se encuentren acompañados durante el tiempo que dura el tratamiento que reciben en el Hospital de Día Onco-Hematológico.

Nuestr@s voluntari@s conocid@s como batas moradas han sido objetivo de reportajes tanto en televisión como en prensa:

Batas Moradas en TVE

Batas Moradas de AOEX Plasencia en TVE de Extremadura

Vídeo Batas Moradas en el Diario HOY

Vídeo Batas Moradas en el Diario HOY

Noticia sobre Batas Moradas en el Diario HOY

Noticia sobre Batas Moradas en el Diario HOY

Diez mujeres acompañan a enfermos y familiares de cáncer de forma voluntaria. La iniciativa solidaria puesta en marcha por la delegación local de la AOEX cumple tres años en la ciudad

He padecido esta enfermedad por triplicado, con mi padre, mi hermano y mi hija». Fue precisamente durante su estancia en Madrid, cuando cuidaba de su hija, cuando Amparo Perianes descubrió a personas que dedicaban su tiempo de forma voluntaria a acompañar a los enfermos de cáncer y a sus familiares.

«A mí me ayudaron mucho», asegura Amparo. Por eso cuando descubrió a la delegación placentina de la Asociación Oncológica Extremeña (AOEX) en una mesa informativa en la Plaza Mayor, se puso a su disposición.

«Mi hija vive en Estados Unidos y tiene cáncer; a ella la echan una mano allí y yo la echo aquí». Cecilia Herrero es, al igual que Amparo, una de las diez voluntarias de AOEX que desarrollan el programa de acompañamiento. Cada día, de lunes a viernes, de 11 a 13 horas, una voluntaria acude al centro oncológico y se pone a disposición de enfermos y familiares.

Al principio nos necesitan más los familiares; lo pasan incluso peor que el enfermo», dice Cecilia. Ella y sus compañeras simplemente les preguntan si quieren hablar. Su objetivo es infundirles ánimo. «Hacerles ver que es una enfermedad importante sí, pero con buenos tratamientos hoy».

Lola Hernández ha sido enfermera durante 40 años. Es la veterana del programa. Lleva en él desde que comenzó hace casi tres años y no tiene duda alguna de que quiere seguir. «Ellos me ayudan a mí más que yo a ellos; te aportan mucho más, porque te hacen ver, sin querer, que lo que tú tienes no es nada».

La ayuda mutua entre voluntarias, enfermos y familiares y los beneficios que a todas las partes reporta la experiencia es lo que ha logrado consolidar el programa. Hoy las voluntarias de AOEX son las batas moradas del Hospital. Tienen su propio uniforme y familiares y enfermos las esperan cada día.

Todas se han formado previamente en la delegación placentina. Todas saben ya de sobra a qué se enfrentan. La inmensa mayoría porque ha vivido la experiencia. Casi siempre muy de cerca y por eso saben la importancia que tiene que nadie se sienta solo.»Poder ayudar a los demás en lo que podamos creo que es algo fundamental», destaca María Antonia García.

«Yo viví sola la enfermedad de mi padre y creo que es mucho mejor vivirla acompañado porque tienes a alguien al lado que te infunde ánimo y en esos momentos es algo necesario», concluye Aurea Prieto.

Como ellas el resto de las voluntarias hasta la decena que hoy mantienen vivo el programa de acompañamiento se han convertido en alguien más cada día en el centro oncológico. Son las batas moradas del Hospital Virgen del Puerto. Se las espera y se las quiere. Familiares y enfermos agradecen su ayuda desinteresada. Son un ejemplo de la solidaridad placentina

Noticia del Diario HOY


Noticia en el Periódico de Extremadura

Una sonrisa frente al cáncer

voluntarios AOEXUna treintena de personas ejercen como voluntarias en la delegación de la Asociación Oncológica Extremeña. Su misión es que el enfermo y su familia no se sientan solos. «Es muy fácil llevar una sonrisa al enfermo de cáncer o a su familia». Lo afirma Guadalupe Sánchez, presidenta de la delegación local de la Asociación Oncológica Extremeña, que anima así a cualquier persona a formar parte de los voluntarios de la asociación.

No hay que tener conocimientos previos, solo ganas de ayudar a los demás y, sobre todo, de hacer sentir al enfermo de cáncer y a su familia «que no están solos, que siempre hay alguien ahí para hablar con ellos, para acompañarles, para ayudarles», subraya Guadalupe. En definitiva, para hacerles más llevadera una enfermedad que es muy dura.

Por eso, cuantos más voluntarios, mejor y «cualquiera puede ser voluntario». No se necesita formación previa porque la asociación ya cuenta con dos psicólogos, uno en el hospital y otro en cuidados paliativos y la Aoex se encarga de preparar a los voluntarios a través de charlas y cursos.

Uno de estos cursos es el que han recibido los voluntarios del nuevo programa de voluntariado de la asociación, destinado al acompañamiento de pacientes oncológicos y familiares en el hospital de día. Unos, entran con el enfermo en la sala donde va a recibir la quimioterapia y su objetivo es «que estén entretenidos, que se olviden del tratamiento». Otros, están a disposición de sus familiares porque «hemos notado que los familiares, que no entran en la sala de quimioterapia, se sienten perdidos, muy solos y desplazados y tienen que saber que no están solos, que pueden venir a la sede, hablar con nosotros…».

Pero este voluntariado se suma a la labor que realizan otros a través de la llamada ayuda domiciliaria. En este caso, el voluntario acude a la casa del enfermo y su propósito es descargar a los familiares. «El voluntario se queda con el enfermo para que la familia pueda salir a la peluquería, a comprar, a dar un paseo, a lo que quiera, pero que se evada un poco».

Los más preparados psicológicamente acompañan al enfermo que recibe cuidados paliativos. «En este caso, no vale cualquiera, el voluntario debe tener mucha fortaleza psicológica porque hay situaciones muy, muy duras», advierte Guadalupe.

Pero siempre cuentan con el apoyo de los psicólogos, también los voluntarios, a los que la asociación mima mucho: «Estamos muy pendientes de ellos, para que no se vengan abajo y animarles a seguir adelante».

Pero Guadalupe recuerda que también hay voluntarios para repartir información en las mesas que se colocan habitualmente en la ciudad y «Protección Civil también es voluntaria porque cada vez que les necesitamos, allí están».

Además, la presidenta local de la Aoex hace hincapié en que no solo el voluntario ayuda al enfermo o al familiar, también recibe: «Invito a todo el mundo a que participe como voluntario y vea lo que se gana en felicidad porque eso no tiene precio», subraya.

Noticia de el Periódico de Extemadura


Noticia en el Diario Hoy

El programa de acompañamiento puesto en marcha por la delegación placentina de la AOEX cumple dos años de vida

13 voluntarias escuchan y animan a los enfermos de cáncer y a sus familiares.

Ánimo, información y escucha son algunas necesidades de una persona a la que le diagnostican cáncer. El paciente y las personas de su entorno se enfrentan a un tratamiento duro, a un proceso de curación lleno de incertidumbre y a miedos desconocidos.

Este es el motivo por el que la delegación placentina de la Asociación Oncológica Extremeña (AOEX) desarrolla un programa de acompañamiento en el Hospital Virgen del Puerto. Se trata de un grupo de personas dedicado desde hace dos años a dar apoyo a los pacientes oncológicos. Bajo el lema ‘No está solo’, su labor consiste en hacerles más llevadero el tratamiento.

Para ello, dos voluntarias acuden cada día a la sala de quimioterapia para ofrecer compañía, charla y recursos de entretenimiento tanto a los pacientes que están siendo tratados como a los familiares que les acompañan. Una de ellas es María Dolores Hernández, Lola, enfermera jubilada.

Tras dedicar su vida activa al cuidado de pacientes, una vez retirada del área de salud, ha querido seguir ayudando a los enfermos. Por este motivo decidió convertirse en voluntaria. «Echaba de menos la profesión y ésta es una forma bonita de seguir en contacto con ella y a la vez ayudar».

Así explica su experiencia una de las trece voluntarias con que cuenta a día de hoy la delegación de AOEX en Plasencia. La mayoría son amas de casa que han decidido prestar parte de su tiempo a esta buena causa. El humor, la paciencia, la solidaridad y el cariño son las armas que utilizan para alegrar el día a día a los pacientes en los momentos más duros. También la información, pues muchas veces «tanto enfermos como familiares tienen miedos y lo que necesitan es que les expliquen algunas cosas y les dejen desahogarse», comenta Lola.

Contactan con los pacientes que acuden por primera vez a la sala de quimio. Entablan conversación con ellos, se presentan, se ponen a su servicio para cualquier duda que les pueda surgir. Lola asegura que la respuesta por su parte es positiva. Después sesión tras sesión se van conociendo y va aumentando la confianza.

A los familiares también se les asesora. «Muchas veces ellos son los que más necesitan exteriorizar sus sentimientos, llorar, hablar y ser escuchados», dice la voluntaria. Añade que la experiencia es muy gratificante porque tanto entre el grupo de voluntarias como hacia los pacientes se crean lazos de verdadera amistad.

Cuestión de voluntad

Para ser voluntario no es necesario tener ningún tipo de titulación o experiencia previa. El primer paso que hay que dar es ponerse en contacto con AOEX, según explica Mireia Leranca, trabajadora social y coordinadora del programa de acompañamiento.

«Las voluntarias actuales han pasado una entrevista psicológica y han recibido nociones de psicología así como unas charlas sobre derechos y deberes del voluntariado», cuenta. También mantienen reuniones de seguimiento con las coordinadoras.

Lo más importante es querer dedicarle un poco de tiempo y muchas ganas a la causa. «Es una forma de ayudar a los demás pero no un compromiso grande, no requiere más que cuatro horas a la semana», comenta Lola. Y la aportación que se recibe a cambio «es una satisfacción muy grande, aunque a veces también es un poco duro porque aunque quieras evitar que te afecte no te puedes olvidar de ser persona», añade esta mujer, una con las que comenzó el servicio de acompañamiento de la delegación local hace dos años.

Noticia del diario HOY


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El programa de acompañamiento puesto en marcha por la delegación placentina de la AOEX cumple dos años de vida